Revolución Senior (Sebastián Campanario, Sudamericana)

En Japón, el país «más adulto» del mundo, ya se venden más pañales para adultos que para bebés. Si bien la nación oriental puede ser un ejemplo extremo, es una realidad que en 2020 habrá a nivel global 1000 millones de personas de más de 65 años y hacia 2050, el doble.

Estos datos sirven como estímulo para mirar de cerca un desafío que para el economista Sebastián Campanario es un desafío mayor que la automatización y que, sin embargo, suele subestimarse: la integración de los mayores de 50.

A veces cuando se habla del futuro hay una sobrerrepresentación de temas tecnológicos y una subrrepresentación de temas más humanos», dijo en su exposición durante el evento Negocios del futuro Campanario, que además es columnista de LA NACION y autor del libro Revolución senior (Sudamericana).

Explicó que, globalmente, los mayores de 50 tienen una capacidad de compra de US$15 billones y que, aun así, ni siquiera las marcas los miran con detenimiento. «Siguen hablando de los mayores de 50 como si fueran la misma categoría», apuntó.

La misma desestimación se observa en el mundo del trabajo: en el mercado laboral argentino, el 80% de las búsquedas laborales están bloqueadas para mayores de 45 años. Para Campanario, hay gimnasia que tenemos para detectar temas sensibles relacionados con el género no está tan presente para la discriminación etaria.

El economista mencionó una serie de prejuicios vinculados a la edad que no se concretan en la realidad: mientras se asocia la adultez a una etapa de tristeza, estadísticas demuestran que la curva de felicidad mejora a partir de los 50.

«También estamos acostumbrados a contar la historia de jóvenes genios creativos, pero si ves estadísticas te das cuenta que el promedio de edad para crear una startup exitosa en Silicon Valley es de 42 años», agregó. ¿Qué se puede hacer, entonces? «Visibilizar a ese segmento de la población, cambiar el mindset, hablar de una nueva diversidad», señaló Campanario.

«Cumplir años es obligatorio; envejecer es opcional»: el aforismo de una gran diva argentina (ella: 79 años asumidos) resume un mantra muy actual. Mientras la expectativa de vida se estira cada vez más se impone una pregunta de época: ¿cómo sacar partido de estas existencias más longevas? Y si la conquista del orgullo gay, gordo, negro o de cualquier otra minoría fue el cambio social más revolucionario de nuestro tiempo me animo a pronosticar: se viene el orgullo senior.

La publicación de Elogio de la experiencia, el nuevo libro del periodista escocés-canadiense Carl Honoré.

«El culto a la juventud es una de las obsesiones más recurrentes de nuestra sociedad», escribe Honoré: «Se da la paradoja de que hoy en día, cuando alcanzamos cotas de longevidad antes impensables y con una alta calidad de vida, hacerse mayor, antaño sinónimo de respetabilidad y experiencia, ha adquirido valores peyorativos». En trescientas páginas de testimonios inspiradores, más cerca del periodismo de fenómenos que de la literatura de autoayuda, Honoré registra los primeros pasos de lo que será un gran movimiento: considerar el envejecimiento un privilegio en lugar de un castigo. La revolución de la longevidad necesita un estímulo individual (abandonar las ideas sombrías sobre el paso del tiempo) y un cambio colectivo: llegará el día en que decir «¡viejo de mierda!» será tan inaceptable como insultar a alguien por una limitación física o una creencia religiosa.

Cumplir años dignifica (si no sucede, entonces sí preocúpese: usted está muerto). Las revistas dicen que «los 60 son los nuevos 40» como si llegar a los 60 fuera algo que se debería evitar y no algo a lo que aspirar. Mientras la medicina siga avanzando, pasaremos más tiempo de nuestras vidas siendo viejos que jóvenes. Pero alégrese porque, como dice una experta en gerontología en el inspirador Elogio de la experiencia, «lo bueno del asunto es que nunca hubo una época mejor para ser un adulto de edad avanzada».

El libro Revolución Senior, donde Sebastián Campanario explora el novedoso auge de la generación +45), anticipan el próximo derecho a ganar: una reivindicación de los valores de la madurez

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