De hecho, en una reciente encuesta llevada a nivel global por IPSOS para el propio Foro Económico Global entre 12.000 personas con trabajo estable en 27 países diferentes, el 54% está preocupado de perder su fuente laboral. En la misma, se les pregunta si podrían aprender y desarrollar las habilidades requeridas para el nuevo escenario y dos de cada tres consideran que sí es posible. Es decir, que pasan del pesimismo por perder su trabajo al optimismo por poder incorporar las herramientas para poder enfrentar el nuevo escenario.
Y este optimismo tiene una base de sustentación no menor: si bien se proyecta que para el año 2025 sean eliminados 85 millones de puestos de trabajo -noticia por demás preocupante- también se estima que puedan emerger 97 millones de nuevas oportunidades. Es decir, como ha sucedido en cada una de las revoluciones industriales, el número neto es de mayor cantidad de empleos que se generen que el que se destruyan (en este caso, 12 millones). El gran tema es qué cantidad de los 85 millones que terminen impactados negativamente tendrán la capacidad de reinventarse para ocupar alguna de las 97 millones de oportunidades que se presenten. No es un desplazamiento inmediato de un lado a otro y es precisamente ahí donde se plantea el gran desafío. Anticiparse a ese momento y poder llegar a ser parte de todos aquellos que tengan posibilidades de seguir perteneciendo al siempre atractivo grupo de los demandados, de los solicitados para ocupar esos puestos.
Un dato clave que nos brinda el citado reporte es una ratificación de algo que se venía afirmando desde hace tiempo, pero no por ello menos importante.
La mitad de los empleados deberán volver a educarse (reskilling) en los próximos 4 años, a medida que aumente la adopción de las nuevas tecnologías y el impacto de la pandemia siga generando consecuencias. Ello implica que uno de cada dos personas que están en puestos laborales, rápidamente tendrán que adquirir nuevas competencias para poder seguir teniendo espacio y no quedarse marginados.
El tiempo que demandará esa recalificación rondará los 6 meses aproximadamente, aunque en ciertos sectores como el cuidado de la salud los períodos podrían ser más largos. Las actividades y profesiones más diversas -desde los cajeros de supermercados hasta los docentes- tendrán que reconvertirse rápidamente para no quedar marginados en el nuevo escenario.

